Monasterio Tortoles de Esgueva

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Historia

El Monasterio de Santa María la Real se remonta a finales del siglo XII. A lo largo de la rehabilitacion hemos investigado sobre su historia, buscando publicaciones y archivos, e incluso buscando el asesoramiento de expertos sobre sorpresas que nos hemos ido encontrando durante la obra: la inscripción de la puerta de entrada, que data del siglo XVI y al parecer perteneció a la catedral de Palencia; la filigrana que apareció en una saetera entre la Iglesia y la Capilla; las marcas de cantería que aparecen en varios lugares del Monasterio; las varias lápidas de las distintas abadesas que aparecieron, o el libro con inscripciones en latín que se encontró en un desván.

Para aquellos que estén mas interesados sobre la historia del Monaststerio, pueden leer este artículo sobre la Capilla, escrito por la historiadora Rosa Cardero Losada, de la Universidad Complutense de Madrid

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Lo que parece claro respecto a su fundación es lo siguiente. La iglesia de Santa María de Tórtoles de Esgueva, actualmente incluida en el recinto del Monasterio de Santa Maria la Real aunque sita originariamente a las afueras de este pueblo, fue dada en 1152 por sus dueños, Melendo Armíldez y María, su mujer, al monasterio de La Vid, para que él o el de San Pelayo de Cevico, pertenecientes a la Orden premonstratense, establecieran una pequeña comunidad; caso de no efectuarlo, volvería la iglesia y sus posesiones a poder de la familia de los donantes. Como tal dependencia de La Vid es citada la iglesia de Tórtoles en una bula de Alejandro III fechada en 1163. Después sabemos que Gonzalo Pérez de Torquemada y su mujer María Armíldez, nieta de Melendo Armíldez, hicieron un contrato con el abad de La Vid, don Domingo, muerto en 1186, en virtud del cual se establecería en dicha iglesia un priorato de la Orden, compuesto de un prior y seis canónigos, bajo la obediencia de dicho abad y sus sucesores.

No habiéndose fundado dicho priorato, o disuelto de allí a poco, el susodicho matrimonio concibió el proyecto de establecer un monasterio de monjas benedictinas, adquiriendo a este efecto la villa de Tórtoles, que pertenecía mancomunadamente a doña María Armíldez y sus hermanos, así como otras posesiones de la comarca. Trasladó a ella la comunidad de San Millán de Frandovinez, donde era abadesa una hermana de don Gonzalo Pérez de Torquemada, y desde 1194 a 1198 organizó definitivamente su establecimiento, construyendo los edificios monásticos y agrandando la iglesia románica, que aún subsiste.

Se dotó a la comunidad con los bienes que ya tenía en Frandovinez, con el señorío de la villa de Tórtoles y diversas posesiones, propias de doña María Armíldez o compradas por ella y su esposo. Para libertarla del peligroso patronato de la familia se consiguió la recibiese bajo su autoridad y amparo Alfonso VIII; igualmente se obtuvo de la Santa Sede en 1199 las bulas de aprobación del monasterio, el cual quedaba en su virtud bajo la protección y defensa del Papa, con todas las prerrogativas que esta protección llevaba consigo, y otras varias, las cuales confieren al monasterio una exención del obispo diocesano, a la sazón el de Burgos.

Alfonso VIII amplió su dotación en 1200 y 1207, otorgándole bienes en Ríofrancos y en la provincia de Toledo; pero habían de usufructuar estos últimos don Gonzalo Pérez y su mujer doña María. Esta dama se titulaba señora de Tórtoles y su monasterio después de enviudar hacia 1208; aunque tomó el hábito en él, acaso en condición de terciaria o viuda, vivía con frecuencia en Toledo, donde radicaba la parte principal de su patrimonio. En Toledo la vemos hasta 1230, acaso hasta 1233; probablemente murió en dicha ciudad, pero sus restos mortales fueron trasladados a Tórtoles, donde descansaron al lado de los de Gonzalo Pérez de Torquemada, hasta el traslado de las religiosas a Aranda a finales del siglo XX.